martes, 26 de enero de 2010

EL CIENTIFICO

Carlos Alberto Gonzalez era un renombrado científico de cabellos algo grises casi blancos, bigote espeso y porte desaliñado. Tenia una hija en algun lugar del mundo, una esposa habitando en sus sueños y una casa a la que nunca visitaba; vivia en los aviones, colectivos, autos, y diversas ciudades de paso, su salud no era buena y para reafirmar su estado fumaba demasiados cigarrillos al dia. Sus ojos claros mostraban a quien hablara con el que era un tipo seguro de si mismo, pero tambien aquellos ojos sabian mostrar al que lo conocia, una tristeza profunda que queria salir de alli y mostrarse. Sus estudios habían sido publicados en las más prestigiosas revistas, había escrito varios ensayos sobre diversos temas, uno de los cuales fue el que lo hizo reconocido en el ambiente, en cual demostraba cómo la luz podía convertirse en sonido. Tenia cincuenta y seis años cuando dirigió aquel discurso, fue un viernes y en toda la sala comenzaron a oírse murmullos que se fueron convirtiendo en exclamaciones y gritos contra el. En la meca de empirismo, donde todo se basa en lo que se ve y se toca, en la prueba y error, el Dr. Carlos Gonzalez había promulgado una teoría que se basaba en lo metafisico, en el mas allá de nuestros ojos y a pesar de sus logros toda la sala le recriminó su postulado. Sin embargo el se encotraba feliz, tenia en claro que provocaria esas reacciones, se hubiese preocupado si la sala lo apoyaba.En su interior sabia que los grandes postulados que cambiaron la manera de ver algunas cosas tuvieron en sus principios a miles de detractores. Estaba seguro que había dado el puntapié para que se forme algo grande, estaba demasiado seguro de su teoría.
Todo había comenzado una mañana cuando al despertarse anotó un sueño que había tenido, dentro de ese sueño el estaba parado frente a un espejo y trataba de encontrar su reflejo sin poder lograrlo. Desesperado buscaba por todos lados sin dar con su reflejo hasta que en medio de la búsqueda se despertó y escribió todo; a partir de ese día la idea de la existencia del alma no lo dejo tranquilo, lo perseguia dia y noche interrumpiendole el sueño y la vida.
El Dr. aquel viernes desconocía que en la sala se encontraban dos jóvenes habitantes de una ciudad llamada Amuseré, quienes se habían llegado hasta aquel lugar solo para escucharlo porque alguien les había comentado que esa exposición daría a muchos que hablar. Al terminar su conferencia se retiraron apresuradamente hacia su ciudad, pensando muy en serio lo que habia dicho aquel cientifico que fue tratado como un loco por sus colegas; "este se quemó la cabeza" habian escuchado decir a un viejo de pocos pelos y muchas arrugas que tomaba un café a su lado mientras Gonzalez hablaba desde el escenario.
Amuseré no era como las demás ciudades, en ella habitaba un extraño aire que la envolvía convirtiéndola en un lugar gris y opaco. Las personas no eran raras pero tenia algo en sí mismas que las hacia diferentes, en sus ojos se podía persivir cierto temor, y sus movimientos eran inseguros. Caminaban lentamente mirando siempre hacia adelante y nunca desviando esa mirada. Amuseré era silenciosa, era extraña y callada. Su estructura edilicia era deficiente, estaba rodeada por una gran muralla destruida en partes, Amuseré estaba en el medio de un bosque de algun lugar, solo unos pocos conocian su existencia y rara vez llegaban turistas. Aquella ciudad sería el lugar donde se enfrentarian las dos fuerzas, seria testigo de uno de los tantos cambios que sufrio el mundo...Nuestro mundo.

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